Categoría: Pioneras

  • Dorothy Ponedel

    Dorothy Ponedel, llegó a Los Ángeles con trescientos dólares y terminó revolucionando la industria del maquillaje cinematográfico.

    Gracias a su talento pudo contar con el apoyo incondicional de leyendas como Marlene Dietrich, Mae West y Judy Garland, pues tuvo que enfrentarse al machismo imperante para consagrarse como la primera mujer maquilladora de la época dorada de Hollywood. 

    Créditos: Wikipedia.

    De extra del cine mudo al tocador de las estrellas más famosas

    Dorothy “Dottie” Ponedel no siempre tuvo en sus planes maquillar los rostros más emblemáticos de Hollywood en la época dorada. En 1920, se despidió de su ciudad natal y viajó a Los Ángeles junto a su madre, impulsadas por un modesto capital de trescientos dólares y el sueño de abrir una panadería. Sin embargo, el cine llamó a las puertas de Dorothy Ponedel cambiando el rumbo de sus planes.

     Entonces, inició como extra y actriz de cine mudo, pero su destino cambió en 1930 cuando improvisó el maquillaje de la actriz Nancy Carroll durante un rodaje. El resultado fue tan perfecto que las estrellas comenzaron a exigir sus servicios. 

    El talento de Dottie Ponedel residía en el contorneado. Ella fue quién diseñó la imagen icónica de Marlene Dietrich, elevando sus cejas y afinando su nariz con trazos precisos de luz y sombra.

    Desafiando al sindicato con glamour

    A pesar de que divas de Hollywood como Carole Lombard y Barbara Stanwyck la aclamaban, el Sindicato de Maquilladores, “Local 76”, se opuso al ingreso de Dorothy a la industria, ya que era un gremio exclusivamente masculino que controlaba el monopolio y aseguraba que aplicar cosméticos era “cosa de hombres”.

    Créditos: Cine Philed.

    Fueron las actrices Marlene Dietrich y Mae West quienes lideraron la resistencia, amenazando con boicotear las películas de las producciones millonarias si Ponedel no era admitida y acreditada oficialmente. Así, luego de soportar años de discriminación, Dorothy se convirtió en la primera mujer sindicalizada.

    Judy Garland y los últimos años

    En 1940, al llegar a Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), el estudio más emblemático de la época dorada de Hollywood, conoció a Judy Garland. Ambas forjaron una amistad inquebrantable, donde Dottie fue su maquilladora exclusiva y confidente durante veinticinco años.

    Trágicamente, en 1951, la esclerosis múltiple le arrebató las brochas de las manos, obligándola a retirarse. A finales de los setenta, Dorothy Ponedel falleció en la casa de Beverly Hills que había comprado gracias al apoyo de Dietrich.

    Siempre será recordada como la primera mujer maquilladora y como quien se ganó la confianza de las estrellas a pesar de que el sistema la rechazaba.

  • Marie-Jeanne Rose Bertin

    Marie-Jeanne Rose Bertin revolucionó la corte de Versalles y transformó la indumentaria en un poderoso fenómeno global. De orígenes humildes se convirtió en la primera estilista de la historia y la “Coco Chanel del siglo XVIII”,

    Marie Jeanne Rose Bertin
    Créditos: Arte y demás historias.

    De la humildad al éxito en París 

    Nacida en 1747 en una familia de escasos recursos en Abbeville, Francia, Marie-Jeanne Rose Bertin desafió los límites de su clase social para coronarse como la primera marchande de modes (mercader de modas) célebre de la historia.

    Con apenas dieciséis años, se trasladó a la ciudad de París, donde su talento la llevó a abrir en 1770 su propia boutique en la rue Saint-Honoré: Le Grand Mogol. Rápidamente, este espacio se convirtió en el epicentro absoluto de la elegancia parisina.

    La confidente estilista de María Antonieta

    El verdadero punto de inflexión en su carrera ocurrió en 1774, cuando fue presentada a la joven reina María Antonieta. Entre ambas surgió una gran conexión con la moda.

    Bertin dejó de ser una simple proveedora para convertirse en la confidente estética de la monarca, ganándose el apodo no oficial de “Ministra de la Moda”. Dos veces por semana, Rose presentaba a la reina sus creaciones en sus aposentos privados, instaurando por primera vez la relación moderna, íntima y colaborativa entre una estilista y su clienta de alto perfil.

    Créditos: AG Nauta Couture.
    Créditos: The Vintage News.

    Su legado: Plumas, joyas y peinados imposibles

    Bertin no solo confeccionaba vestidos opulentes, también dictaba tendencias a una velocidad vertiginosa. Junto al peluquero Léonard Autié, popularizó los extravagantes poufs, inmensos e intrincados peinados adornados con plumas, joyas e incluso maquetas de barcos, que reflejaban los eventos políticos y sociales del momento.

    Además, su visión comercial era impecable, para exportar el codiciado estilo parisino a las cortes de toda Europa, perfeccionó y masificó el uso de las “Pandoras”, maniquíes o muñecas vestidas con reproducciones a escala exacta de sus diseños, que sirvieron como precursoras directas de las revistas de moda.

    Su influencia era tan amplia que es frecuentemente comparada con Coco Chanel por su capacidad de construir un imperio de la nada y definir la silueta de toda una época. Sin embargo, su estrecha asociación con la realeza fue un arma de doble filo durante la Revolución Francesa. Considerada un símbolo del despilfarro monárquico, Bertin se vio obligada a exiliarse a Londres para salvar su vida.

    Aunque logró regresar a París años más tarde, la austeridad del nuevo régimen hizo que su antigua gloria se desvaneciera, falleciendo en 1813. Su legado, no obstante, permanece intacto, Rose Bertin emancipó la moda, convirtiéndola en arte e industria, y sentando las bases del estilismo moderno.

  • Anna Atkins

    Anna Atkins, considerada la primera mujer fotógrafa de la historia, no solo capturó la naturaleza, sino que fue la primera persona en publicar un libro ilustrado íntegramente con fotografías, mezclando ciencia y arte. 

    Su infancia y educación

    Nació el 16 de marzo de 1799 en Tonbridge, Kent, Reino Unido. Su madre murió poco después de su nacimiento, marcando su infancia y delegando la crianza completamente a su padre. John George Children, fue un respetado científico y secretario de la Royal Society.

    Gracias a este vínculo, Anna recibió una educación científica, algo excepcional para las mujeres de la época. A los veinte años, ya destacaba como una hábil dibujante, realizando grabados de conchas para ilustrar la traducción de su padre de la obra de Lamarck.

    Créditos: Mujeres Bacanas.

    Fotografía y botánica

    En 1842, Sir John Herschel, amigo de la familia, inventó la cianotipia, un proceso que produce imágenes en un azul intenso. Atkins vio en la fotografía una herramienta de precisión científica superior a los dibujos a mano.

    Ante la falta de ilustraciones en el manual de algas de William Henry Harvey, decidió aplicar este nuevo proceso para documentar especímenes marinos.

    Así nació en 1843 su obra cumbre, British Algae: Cyanotype Impressions, adelantándose ocho meses a la primera publicación fotográfica comercial de la historia.

    Apoyo familiar y visión artística

    En 1825 se casó con el comerciante John Pelly Atkins y, aunque no tuvieron hijos, él siempre apoyó sus inquietudes científicas.

    Anna, en 1839 se unió a la Sociedad Botánica de Londres, una de las pocas instituciones que admitía mujeres en aquella época. En sus obras, Atkins no solo buscaba el registro, sino la belleza, disponiendo las plantas en composiciones simétricas y formas delicadas.

    Créditos: Mujeres Bacanas.

    Legado y redescubrimiento

    Tras diez años de trabajo y la producción de 389 fotogramas únicos, Atkins continuó colaborando con su amiga de la infancia Anne Dixon en álbumes sobre helechos y flores. Sin embargo, tras su muerte en 1871 a los 72 años, su nombre desapareció de los registros oficiales.

    Sus obras, firmadas con las iniciales “AA”, fueron atribuidas erróneamente durante décadas al “Amateur Anonymous”.

    Créditos: Mujeres Bacanas.

    No fue hasta la década de 1970 que el historiador Larry Schaff rescató su historia del olvido, presentando a Anna Atkins como una pionera fundamental de la fotografía y la edición ilustrada.

    Hoy, su legado es honrado en instituciones como el MoMA y recordado mundialmente por su capacidad para conectar la ciencia con el arte.

  • Alice Guy Blaché

    La historia del cine suele comenzar con los nombres de los Lumière o Méliès, pero existe una figura que durante décadas, fue borrada de los libros de texto: Alice Guy Blaché.

    Considerada la primera cineasta de la historia, no solo dirigió películas, sino que inventó el concepto de la narrativa cinematográfica y se desarrolló a la par de la nueva industria. 

    Créditos: Historia National Geographic.

    Primeros años y su vocación

     El 1 de julio de 1873 nació en Saint-Mandé, Francia. Su infancia estuvo marcada por los viajes entre Suiza, Francia y Chile, en este último lugar su padre era dueño de una librería y fue donde la familia vivió hasta que una epidemia de viruela los obligó a regresar a Europa.

    Tras la muerte de su padre en 1891, Alice se formó como mecanógrafa y taquógrafa, enfrentando incluso situaciones de acoso sexual en su primer empleo antes de unirse en 1894 al Comptoir Général de la Photographie de Léon Gaumont.

    Primeros pasos

    En marzo de 1895, Alice Guy Blaché asistió a una demostración de los hermanos Lumière. Mientras algunos lo veían como una curiosidad científica, ella vio una posibilidad. Así, le propuso a Léon Gaumont la idea de escribir una o dos escenas pequeñas. De esta manera nació, cerca de 1896, su primera cinta, La Fée aux Choux (El hada de los repollos), una adaptación de un cuento europeo. 

    Familia y emprendimiento

    En 1907 se casó con Herbert Blaché y se trasladó a Estados Unidos. Tras un breve periodo dedicado a las tareas del hogar, fundó en 1910 la Solax Company. En 1912 construyó un estudio de 100,000 dólares en Fort Lee, Nueva Jersey, donde supervisaba las producciones montadas en un caballo.

    Créditos: Historia National Geographic.

    En Solax, produjo y dirigió cientos de películas, incluyendo comedias y cintas con temáticas sociales avanzadas.

    Destacan sus obras sobre la inversión de roles de género, como Les Résultats du Féminisme (1906) y su versión estadounidense In the Year 2000 (1912), donde los hombres se ocupaban de la casa y las mujeres dominaban la esfera pública.

    Omisión y olvido

    El declive de su empresa Solax, en conjunto con un a un divorcio tormentoso tras la infidelidad de su esposo con una actriz, la obligó a regresar a Francia en 1922. Allí descubrió que su nombre estaba siendo omitido, debido a que Léon Gaumont la ignoró en sus memorias oficiales de 1930.

    Alice pasó el resto de su vida escribiendo a historiadores y buscando sus películas, muchas de las cuales habían sido atribuidas erróneamente a directores hombres.

    Créditos: Historia National Geographic.

    Legado y redescubrimiento

    En 1953 recibió la Legión de Honor y en 1957 fue homenajeada por la Cinemateca Francesa. En 1964 regresó a Estados Unidos con la esperanza de recuperar su filmografía, pero gran parte de su obra seguía oculta bajo pseudónimos masculinos.

    Alice Guy Blaché murió en 1968 a los 95 años en Nueva Jersey, pero habiendo realizado cerca de mil películas. Hoy, finalmente, los archivistas están rescatando del olvido.