Fernanda Aravena, fundadora de Dreamworld, desarrolla un proyecto de joyería de autor chilena donde la experimentación autodidacta, las piedras naturales y la memoria afectiva dan vida a piezas únicas alejadas de la producción masiva.
La joyería de autor chilena surge como un espacio de resistencia creativa en un mercado dominado por la producción industrializada y los accesorios idénticos, donde la prioridad no es la masividad, sino el diseño con identidad propia. Lejos de la platería tradicional, la propuesta de Fernanda Aravena, fundadora de Dreamworld, se construye desde la intuición, las ideas abstractas y una profunda conexión emocional con sus raíces. A través de este diálogo, la diseñadora revela cómo transforma el estaño y las gemas locales en objetos cargados de memoria, explorando el valor de la artesanía autodidacta y la importancia de construir un comercio local colaborativo en Chile.
El origen de un concepto: La técnica autodidacta
Para Fernanda Aravena, la creación de accesorios jamás fue concebida como un producto comercial masivo, sino como una búsqueda personal para materializar conceptos que no existían en el mercado convencional. Tras egresar de Ingeniería en Negocios Internacionales, decidió volcar sus conocimientos al desarrollo de un proyecto propio donde la prioridad fuera el diseño de autor. Fue así como nació Dreamworld en 2020, luego de que concluyó su carrera universitaria, estableciendo desde entonces una propuesta estética que se aleja de la joyería tradicional para adentrarse en un terreno más poético, combinando la delicadeza de las perlas de río con la fuerza alternativa de bordes orgánicos y relieves metálicos.



Créditos: Dreamworld
La identidad visual de la marca encuentra su cimiento en un universo abstracto. Según explica Aravena que su principal fuente de inspiración proviene de ideas que parecen sacadas de un sueño, buscando crear piezas cuya forma no se comprenda del todo a simple vista. Además, esta búsqueda conceptual se materializa a través de una técnica poco común en el panorama nacional: el trabajo en estaño. Al ser un metal maleable y versátil, le permite moldear estructuras complejas mediante el uso directo del calor, fundiendo el metal alrededor de la piedra para dar vida a dijes de estética alternativa.
A diferencia del aprendizaje académico tradicional, su dominio del estaño fue un proceso completamente autodidacta. Aunque contaba con nociones teóricas sobre el trabajo en plata, el comportamiento del estaño lo descubrió mediante la práctica constante y la experimentación en su taller
“Esta técnica la aprendí sola. He estudiado trabajo de joyería en plata y en otros metales, pero no en estaño. El estaño fue algo que aprendí de manera totalmente autodidacta”.
Fernanda Aravena, Dueña de Dreamworld
Una vez soldada y moldeada la forma base, la pieza atraviesa etapas de limado y lijado manual hasta alcanzar su acabado final, un método artesanal que garantiza que ningún collar sea idéntico a otro.
Anatomía de una pieza: Memoria afectiva y materia prima chilena
El proceso creativo de la diseñadora no responde a bocetos rígidos ni a mapas de inspiración estructurados, sino que nace del contacto directo con la materia prima. Es la piedra la que dicta la forma del metal. Al observar una gema particular, surgen las líneas y los relieves que terminarán por envolverla, convirtiendo al material en el primer motor de creación.
Dentro de esta búsqueda de materiales, la creadora establece una prioridad clara: la colaboración con proveedores locales y el uso de gemas nacionales. La geografía chilena le permite acceder a insumos como el lapislázuli y diversos tipos de cuarzo, los cuales combina con perlas de río y piedras seleccionadas por su singularidad. Para Aravena, trabajar con proveedores chilenos es una forma de construir una cadena de valor colaborativa entre pequeños emprendedores, fortaleciendo el tejido del diseño independiente en el país, al igual que otras propuestas nacionales como Min Estudio y BRONCA.
Más allá de la técnica y la geología, el motor más profundo de sus creaciones reside en el sentir emocional y la memoria familiar. Varias de las piezas más emblemáticas de su catálogo nacen como homenajes directos a sus vínculos afectivos. Un claro ejemplo es el Collar Berta, diseñado en memoria de su abuela a partir de una piedra especial que evocaba su figura. De forma similar, el Collar Ede presenta un corazón rodeado de púas de estaño inspirado conceptualmente en su madre, mientras que el Collar Umbra destacó por su confección con una singular piedra conocida como “piel de cocodrilo”. Esta carga emotiva transforma a la joya en algo que trasciende el rol de mero accesorio: la convierte en un amuleto cargado de significado.



Créditos: Dreamworld
La identidad de autor frente a la masividad comercial
El valor del trabajo hecho a mano radica en su capacidad de resistir la monotonía de la producción en serie. Para la diseñadora, el orgullo principal de su oficio no proviene de vender volúmenes industriales, sino de saber que cada cliente lleva consigo una pieza única que refleja su propia individualidad. Ver sus creaciones en la calle se traduce en la validación de un proceso que fusiona el afecto, la técnica y el esfuerzo independiente
“Mi prioridad siempre ha sido generar algo diferenciador, algo que también pueda abarcar a un público de personas que no se sienten representadas con las joyas más comunes”
Aravena Concluye
Desde la perspectiva del desarrollo local, Aravena sostiene que el futuro del diseño en Chile debe apuntar hacia una mayor diversidad y visibilidad para las marcas independientes. En un escenario donde la cultura y la creación artística se ven impactadas por el contexto social y las políticas públicas, la diseñadora enfatiza la importancia de abrir espacios para nuevas voces creativas. De esta manera, la joyería de autor chilena continúa consolidándose como una alternativa que une identidad, artesanía y comercio local mediante piezas que transforman las emociones en objetos con significado.


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