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  • Moda sostenible en Chile: el futuro del diseño y el valor del oficio local

    Moda sostenible en Chile: el futuro del diseño y el valor del oficio local

    Victoria Muñoz, estudiante de Diseño de Vestuario en Duoc UC, reflexiona sobre el futuro de la moda sostenible en Chile, la resistencia frente al fast fashion, la exigencia de la carrera y el sueño de vestir a la escena urbana nacional

    La moda sostenible en Chile se ha convertido en uno de los principales desafíos para las nuevas generaciones de diseñadores. Para muchos estudiantes, el diseño de vestuario nace como una vocación temprana que con los años se transforma en disciplina, creatividad y compromiso ambiental. Detrás de cada colección existe un proceso riguroso de investigación, pruebas técnicas y exploración visual. En esta entrevista, Muñoz comparte cómo es estudiar Diseño de Vestuario, los desafíos de la formación profesional y su visión sobre el futuro del diseño independiente y la producción responsable en el país.

    El origen de un sueño

    ¿Cómo nació tu interés por estudiar Diseño de Vestuario?

    Siento que fue un sueño de niña. Creo que toda mi vida dije que quería ser diseñadora. Es algo muy común en la carrera; a principios de año, cuando los profesores nos preguntaban por qué escogimos esto, para la mayoría la respuesta era esa: un sueño de la infancia. Entrar a estudiar esto ha sido algo realmente lindo. 

    En la práctica, ¿cómo describirías el día a día en la carrera? 

    Es una carrera muy completa, pero también compleja. Exige muchísimo tiempo y dedicación. No estamos todo el día sentados viendo teoría, sino investigando, experimentando y desarrollando ideas. En Duoc UC trabajamos mucho con bitácoras, que son como libros de artista donde plasmamos el proceso creativo, los conceptos y bocetos. Además de la parte creativa, vemos historia de la moda, teorías del diseño, textil, color y patronaje. Hay que combinar la creatividad con la técnica, porque de nada sirve tener una gran idea si no sabes cómo convertirla en una prenda real.

    Procesos creativos, técnica y primeros desafíos 

    ¿Cómo abordas tu proceso de inspiración al momento de crear?

    Va muy ligado a la identidad personal. Los profesores nos impulsan a salir a caminar con la bitácora, a observar la naturaleza o la calle, y a plasmar lo que sentimos en el día a día. Puedes estar muy feliz o muy triste, y de forma natural vas a terminar proyectando esa emoción en tus diseños. 

    Hasta ahora, ¿cuál ha sido el proyecto técnico más complejo que has enfrentado?

    Definitivamente el ramo de Patronaje y Confección ha sido de los más desafiantes. Ahí creamos los moldes desde cero en papel mantequilla con medidas exactas pura matemática y líneas por todos lados para luego pasarlos a la tela. Recuerdo que uno de

    los primeros ejercicios fue trabajar con tela de crea para hacer un diseño propio. Más adelante hicimos una chaqueta de mezclilla, pantalones y cerramos con un overol. La mezclilla fue especialmente dura de manipular por el grosor de los dobleses.

    Moda sostenible frente al fast fashion

    Desde tu perspectiva como futura diseñadora, ¿Qué postura tienes frente al fast fashion y el consumo masivo? 

    La industria de la moda es de las más contaminantes del mundo. El fast fashion produce miles de ejemplares en masa que muchas veces quedan botados y terminan contaminando por años. Por suerte, hoy se está visibilizando más este problema. La gente está recurriendo a la ropa americana o a buscar tesoros en las ferias libres para darles una segunda vida a las prendas. 

    Según cifras del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) y la Estrategia Nacional de Residuos Textiles, en Chile se importan anualmente más de 550.000 toneladas de ropa, de las cuales cerca del 70% termina en vertederos o microbasurales (como el caso del Desierto de Atacama). Asimismo, la encuesta de consumo de la consultora Adimark / Moda Sustentable indica que más del 62% de los jóvenes universitarios en Chile ha comprado o consume habitualmente ropa de segunda mano o de ferias libres para reducir el impacto ambiental y buscar piezas exclusivas.


    ¿Cómo ves el futuro del diseño local y la moda sostenible en Chile?

    El futuro de la moda chilena va de la mano con la sustentabilidad. Hoy no basta solo con hacer ropa bonita; los diseñadores tenemos la responsabilidad de pensar en el impacto ambiental que generamos. Se está apostando por usar materiales reciclados, reutilizar prendas y producir en pequeñas cantidades exclusivas para fomentar un consumo más consciente. 

    “Chile tiene una gran oportunidad de destacar en la moda sostenible, de hacer que esta agarre esa identidad propia chilena y que se valore el trabajo local”

    Victoria Muñoz, concluye destacando revalorizar la producción consciente hecha en el país

    Visión de futuro y referentes

    Pensando en tu desarrollo profesional a futuro, ¿hacia dónde te gustaría orientar tu trabajo?

    Mi meta personal es crear mi propia marca independiente y, si es posible, empezar antes de graduarme. También me llama mucho la atención el área de producción y vestuario para la escena musical: asesorar a artistas en sus shows y giras. Y si me preguntas por un sueño grande, me encantaría llegar algún día al París Fashion Week. 

    Si tuvieras la oportunidad de vestir a cualquier figura pública o artista, ¿a quién elegirías? 

    Me atrae mucho la estética y el estilo urbano de la escena musical actual. Si pudiera elegir a alguien, me encantaría vestir a Akrilla o a la Taichu; siento que van totalmente con el estilo y la identidad visual que imagino para mi trabajo.




  • Depto 901 redefine la moda urbana desde el anonimato

    Depto 901 redefine la moda urbana desde el anonimato

    La psicóloga Beatriz Pereira lidera Depto 901, un proyecto de moda urbana chilena que apuesta por la identidad cotidiana, el aprendizaje textil autogestionado y una propuesta visual disruptiva.

    La moda urbana chilena encuentra nuevas formas de expresión a través de proyectos independientes como Depto 901. En Santiago de Chile, la psicóloga egresada de la Universidad Diego Portales (UDP) en 2024, Beatriz Pereira, consolidó el lanzamiento de su marca de vestuario independiente. El proyecto nace como una respuesta y canal de expresión artística frente al desgaste emocional de su labor en el área de la psicología jurídica y los programas de reparación de maltrato. A través de prendas con estampados disruptivos, la propuesta busca disputar espacios en una industria local fuertemente dominada por estéticas minimalistas.

    Moda urbana chilena y costura autodidacta

    El origen de la marca se remonta al espacio residencial que Pereira comparte con sus compañeros y al aprendizaje autodidacta a través de plataformas digitales.

     “Toda mi vida ha sido YouTube; aprendí a maquillar por ahí y luego con la costura fue un proceso similar de prueba y error”, comenta Beatriz Pereira.

    Tras adquirir una máquina de coser en Marketplace, comenzó a alterar ropa de ferias libres y a desarrollar patrones propios. La consolidación del proyecto llegó con el lanzamiento del “Top Ramen”, una prenda nacida de una fotografía personal sin contexto aparente, de la cual se fabricó una serie limitada de 60 unidades en un taller de confección nacional utilizando la técnica de sublimación, que consiste en estampar sobre tela.

    Prendas de moda urbana chilena de Depto 901


    Esta necesidad de autogestión y aprendizaje digital se alinea con la realidad del sector en el país. De acuerdo con el último Informe de Caracterización del Diseño Nacional elaborado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, más del 70% de los nuevos nodos de vestuario independiente en Chile operan bajo formatos de autoaprendizaje y talleres externos a microescala. El documento estatal explícita que la falta de educación técnica formal en los creadores es suplida por comunidades digitales, convirtiendo a las plataformas web en el principal democratizador de la manufactura textil chilena.

    Al igual que otras propuestas de diseño independiente nacional, como Min Estudio, Depto 901 refleja una generación de creadores que construye sus proyectos desde la autogestión y la exploración personal de nuevas formas de diseño.

    La propuesta estética del anonimato

    A diferencia de las estrategias de marketing digital contemporáneas que exponen la vida del creador, Depto 901 fundamenta su identidad en el anonimato visual de su fundadora. Esta decisión responde tanto a un resguardo ético por su ejercicio profesional como psicóloga en el ámbito de la educación superior, como a una búsqueda de identificación universal con el público.

    Respecto a la convicción detrás del proyecto y la seguridad al exhibir sus piezas sin depender de la aprobación ajena,

    “Es algo que a mí me gusta tanto, que me hace tanto sentido, que me siento segura de sacarlo y demostrarlo”, asegura con firmeza la duela de Depto 901.

    Un refugio de expresión urbana

    La propuesta gráfica de Depto 901 se desmarca activamente del diseño pulcro tradicional. Con una paleta cromática basada en fucsias intensos y turquesas, e inspirada en referentes como la artista de vanguardia Sandy Liang y las narrativas visuales de la cantante Rosalía, el proyecto se consolida como un refugio de expresión urbana. 

    Los próximos lanzamientos de la marca mantendrán esta línea de diseño lúdico y cotidiano, incluyendo estampados basados en las huellas de su gato “Corcho” y representaciones de espacios de desahogo personal.

    Créditos: Depto 901

    Con una identidad visual propia y una propuesta construida desde la experimentación, Depto 901 busca consolidarse como una alternativa innovadora dentro de la moda urbana chilena, demostrando que el diseño independiente puede abrir nuevos espacios para la creatividad y la expresión personal.

  • De la Nostalgia al Detalle: Min Estudio, el Reflejo del Diseño Local Chileno

    De la Nostalgia al Detalle: Min Estudio, el Reflejo del Diseño Local Chileno

    El diseño local chileno sobrevive gracias a la resistencia de proyectos independientes en una industria dominada por las tendencias efímeras y la producción en masa. La diseñadora Fernanda Tobar, quien está detrás de la marca Min Estudio, detalla los desafíos de la autogestión, la meticulosidad de un proceso creativo que puede tardar meses y cómo la calidad y la identidad visual se transforman en la mejor publicidad en un mercado copado por la masividad.

    En una industria dominada por las tendencias efímeras y la producción en masa, el diseño local chileno sobrevive gracias a la resistencia de proyectos independientes. Nacida como un proyecto de título universitario y con casi ocho años de trayectoria, la marca de vestuario Min se ha posicionado en el circuito nacional bajo una premisa clara: rescatar el oficio mediante prendas atemporales y minimalistas. A través de las palabras de su fundadora, reconstruimos el complejo engranaje que sostiene a la costura autogestionada en Chile, desde la solitaria búsqueda de materiales hasta la planificación de su identidad visual. 

    El origen de un concepto

    La marca, que hoy exhibe sus prendas en espacios de diseño local como la Drugstore, tuvo un inicio profundamente ligado a la experimentación textil y al trabajo hecho a mano. Su creadora recuerda que el proyecto ha tenido una gran evolución desde sus orígenes, explicando que nació en enero de 2019 como su propuesta de titulación para la carrera de Diseño de Vestuario y Textil en la Universidad Andrés Bello. En esos primeros pasos, el sello distintivo estuvo en el desarrollo de una técnica especial de bordado, etapa en la que ella misma creaba meticulosas ilustraciones sobre el textil y dedicaba horas a bordarlas por completo a mano de manera solitaria.

    De esa dedicación absoluta nació la filosofía de la marca, cuyo nombre proviene
    directamente de la palabra minimalismo. Mantener este enfoque implicó que, durante los
    primeros años, una sola persona asumiera toda la cadena de valor del negocio.

    “Me encargaba desde las gráficas, la identidad visual y el diseño de la página web, hasta coser, bordar, armar el packaging y sacar las fotos, aprovechando que también soy fotógrafa. El nicho del diseño local está cruzado por la autogestión total”.
    Fernanda Tobar , Dueña de Min Estudio

    A diferencia de la moda comercial, las fuentes de inspiración de Min no están en las pasarelas tradicionales, sino en disciplinas artísticas abstractas. Al respecto, la creadora señala que prefiere buscar referentes en la arquitectura, las películas, las series y la música, plataformas de donde extrae texturas, estructuras y paletas de colores capaces de evocar nostalgia, un concepto central en sus colecciones. Esta distancia con la industria masiva responde a una postura clara, ya que prefiere desmarcarse de lo que la sociedad entiende tradicionalmente por moda para concentrarse en las corrientes puras del diseño y rehuir activamente de las tendencias efímeras. 

    Anatomía de una colección

    El público general suele desconocer el tiempo y los costos que implica producir a baja escala en el país. Desarrollar una colección para una marca pequeña toma meses de rigurosa planificación. Mientras que en firmas más grandes el proceso de preparación puede extenderse hasta los ocho meses, la diseñadora explica que en su escala independiente trabaja en un margen de tres a cuatro meses, abarcando desde la definición de la paleta de colores hasta la estrategia de venta. 

    Para filtrar las ideas durante el proceso creativo y optimizar los recursos, la creadora aplica
    un criterio estrictamente personal y cinematográfico:

    “Hago un filtro constante pensando si yo misma usaría esa prenda, o si la vestiría algún personaje de las películas que me inspiran e incluso al escuchar música como The Marías. Uno tiene muchas ideas, pero hacer una colección lleva tiempo y es sumamente caro, por lo que hay que acotar las opciones,”. 
    Creadora de Min Estudio

    La búsqueda de materiales

    Tras la bajada conceptual, viene el desafío de encontrar las materias primas en el mercado nacional. Contrario a la creencia popular de que cualquier tela se puede adquirir en cualquier rincón, la búsqueda de materiales idóneos requiere jornadas completas en terreno para evaluar calidades, composiciones y gramajes específicos, lo que obliga a mantener la mente abierta para adaptar la idea original a la realidad textil disponible.

    Posteriormente, el trabajo técnico se traslada a la moldería, el desarrollo de muestras, las pruebas de calce y, finalmente, la producción. Para lograrlo, la marca trabaja simultáneamente con hasta tres talleres externos en Santiago, ya que la confección a esta escala requiere especialización: un taller se encarga exclusivamente de las camisas, otro de los pantalones y un tercero de las telas de punto.

    Toda esta cadena humana e independiente impacta de forma directa en el precio final del producto, un factor que la diseñadora defiende firmemente frente a la competencia de la ropa masificada.

    “Producir a baja escala en Chile es sumamente caro, y por eso muchas marcas prefieren fabricar en China. Yo nunca defino mis prendas como ‘caras’, sino como el valor real de lo que cuestan. Para garantizar un comercio justo, hay que pagar lo que corresponde por la tela, los insumos de alta calidad y el trabajo de los talleres”.

    Fernanda Tobar , Concluye

    Esta realidad refleja uno de los principales desafíos del diseño local chileno, donde los costos de producción, la búsqueda de materiales y el trabajo especializado suelen pasar desapercibidos para gran parte de los consumidores. Sin embargo, son precisamente estos procesos los que permiten mantener una propuesta basada en la calidad, la identidad propia y el valor del trabajo hecho a pequeña escala.